Marcela Santorum
El proceso: la curvatura de la realidad “...lo que ahora despierta nuestro interés por las obras del arte, no es el puro placer, sino también nuestro juicio, desde que sometemos a nuestra inmediata consideración el contenido del arte y la manera en que la obra de arte es presentada, y lo apropiado o inapropiado de las dos” (G. W. F. Hegel, “Lecciones”) El proceso en la obra de Carlos Maño es pura actualización, el principio o el fin no esta determinado por la apariencia del espacio plástico. Su propuesta es una realidad sin fondo, una perpetua simultaneidad de acontecimientos y el cuadro particular, una parte de la acción. Esta circunstancia atraviesa no solo el eje vertical del proceso, es decir la obra en si, sino el horizontal, el que nos proporciona la salida de la imagen. Este proceso es un viaje a través de un hueco en la superficie de la realidad. Una entrada por la que el artista nos absorbe desde su primera apropiación icónica, hasta salir despedidos por la ventana del espacio plástico. Carlos Maño no mantiene al espectador frente al horizonte, le arrastra con fuerza gravitatoria para ser parte de un recorrido interior. La construcción del trabajo creativo no está definida por las coordenadas del cuadro. La bidimensionalidad del soporte solo es una curva de realidad: un agujero blanco, una consecuencia o una instancia del proceso. Un centro de tensión que expulsa hacia nuestros ojos lo que permanece en la memoria icónica. Lo primero, en este proceso, es considerar la actitud del artista, variable que aporta totalidad al trayecto. El viaje de Carlos Maño se sitúa en cualquier punto de su cotidianeidad. Un ejercicio de apropiación que le introduce en una vertiginosa caída por el discurso icónico del medio: Kosovo, las migraciones, la última película, el sinuoso deseo pin-up, la realidad de la ficción de Warhol.... El encuentro fortuito con la imagen le arrastra con fuerza gravitatoria de agujero negro. Existe en la teoría física un “horizonte de sucesos”, son espirales adyacentes al agujero, que también son arrastrados por la misma acción gravitatoria. Siguiendo a Arthur Danto, nos valemos de la hermenéutica postmoderna y establecemos una analogía entre un dominio y otro, este es el punto de inicio del proceso. Las Imágenes que se adhieren a aquella realidad omnipresente, lo hacen a través del mando a distancia, de la cámara del móvil, de la última melodía de repetición neurótica, cientos de estímulos que de forma intrusiva inundan la conciencia. Así, la retina del artista capta imágenes a través de lo que Gilbert Cohen Séat llamó la iconosfera. La psicología del pensamiento nos ofrece el razonamiento analógico como vehículo de encuentro entre dominios y la hermenéutica postmoderna nos facilita la interpretación. En el caso del proceso creativo de Carlos Maño, el viaje de la realidad mediática a la realidad plástica parece la caída desde un agujero negro hacia uno blanco. “La gravedad es una distorsión en el tejido del espacio”, así interpretaba, A. Einstein, estos embudos en el espacio-tiempo. En este sentido, el proceso no es una unidad territorial de la tela, es una distorsión en el tejido de la realidad donde comienza una acción constante de apropiación de contenidos, que no están mediados por la voluntad sino que son parte de un tipo de estado receptivo. La acción del artista no es una traducción de significados a través de la imagen, este solo es un momento del hecho creativo: el espacio del cuadro es el otro extremo de la acción, el opuesto al punto de partida: un agujero blanco en la iconosfera mediática. Desde la apropiación icónica hasta la ejecución plástica, hay un diálogo de opuestos que refleja la dicotomía universal. A la materia se opone la antimateria, a los agujeros negros los blancos, a lo centrífugo lo centrípeto, a la gravedad la antigravedad, o lo que es lo mismo, a la mancha gestual de los fondos, la rigurosidad de la estructura compositiva... de las pin-up a los soldados. El dialogo de opuestos recorre todo los niveles de la construcción desde el más abstracto, la estructura compositiva, hasta el anecdótico, discurso de la globalización. En este estadio del proceso el artista recurre a técnicas de elaboración y proyección de las imágenes a través de la tecnología. La selección icónica no se produce en este momento, sino que ya está presente como ejercicio cognitivo previo, siendo parte de la memoria visual. Una prueba de este sentido “espontáneo” de la apropiación, es la emergencia involuntaria en el trazado de la obra de aproximaciones áureas. Una traducción de contenidos para dotar de unidad. Para ello, Carlos Maño, se nutre de los pitagóricos y los renacentistas. La mera contemplación de las formas áureas transporta a la visión del orden y la armonía de los ritmos del universo. En el caso que analizamos, esta estrategia es fruto no de un compromiso de la voluntad sintética, sino otro rasgo de asimilación paulatina de argumentos. En la estructura compositiva de las obras podemos descubrir con frecuencia la construcción del rectángulo áureo y la disposición de crecimiento de volúmenes del espiral dorado, ( la simetría de las peluqueras) Del renacimiento a la postvanguardia. El artista, con juego irónico, roba desde el postpop al pop, el refugio predilecto del kitch. Emulando su risa y juego banal, nos engaña parafraseando su objetivo de apropiación. Con trampa e ironía lo coloca sobre una entidad de contenidos que hereda la presencia no de la sociedad de consumo primigenia, sino su consecuencia trascendente. Allí conviven, la banalidad ácida con las imágenes de la herencia europea, en el gesto y en la forma, para mirarse en la actualidad de la sociedad postpop: la silueta de una “Marilyn” hace sombra a un río de emigrantes Dice Umberto Eco: “ el arte ya no propone proporcionar una imagen de belleza natural, ....lo que pretende es enseñar el mundo con una mirada distinta...”, algo que ya anunciaba Hegel en 1832 en “Lecciones”: “...El arte nos invita a una reflexión intelectual y no con el propósito de crear arte nuevo, sino para conocer filosóficamente lo que es el arte”. El proceso de Carlos Maño es un sistema que lo absorbe todo, emula la condición de nuestro medio. Actualiza los argumentos iconográficos en nuestra conciencia para enfrentarnos a las consecuencias de lo que fuimos. Ofrece a nuestra retina la posibilidad de ver el reflejo de lo que somos y lo que estamos construyendo. Marcela Santorum